Qué ganas de ser en ti... Ánimos no me faltan, miedo me sobra... ¿Cómo decírtelo? ¿Cómo hacer que entiendas que ya no puedo vivir sin saber que tus ojos sólo quieren mirarme a mi? ¿Cómo lograr que entiendas que tu boca, esa prohibida fuente de inevitable placer me llama y pide que la bese, pero a la vez me amenaza con el odio eterno y el escarnio?...
Necesito que entiendas que quiero tomar tu mano, sentir cómo nuestra piel se funde, morir un poco los dos para renacer en uno... Pero no sé, no sé, no puedo, o quizá sí, pero no me atrevo... El miedo me gana, por primera vez, los subterfugios no sirven...
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