martes, 23 de junio de 2015

Reflexiones al pedal

Salí a andar en bicicleta... Un día común y corriente después del trabajo. Sin mucho que pensar, llegué rápido a la casa para que no me encuentre la noche en la ruta! De hecho, me fui a la pega con las calzas de ciclismo bajo el pantalón para acelerar el proceso de cambio de ropa!

Salí, avancé... Primeros 6 Kms. como si nada! Un cambio en la dirección de la ruta y me di cuenta que no había considerado algo importante (olvido por apuro): el viento que se levantó...  Poniendole fuerza al pedal, atravesé la distancia que me quedaba hasta el cruce al camino de gravilla, y al llegar al cruce, me pongo de pie para atacar la pequeña cuesta y me di cuenta del segundo error que cometí: el frío, que me acalambró las piernas!!

Estirando de a poco, avancé por el camino, mientras pensaba que se me haría de noche en la ruta y viendo estrategias de seguridad: por lo menos, un buen par de luces y ropa y casco blancos aseguraban parte del éxito en la empresa...

Avanza la hora, se hace de noche en la ruta... Sigo en camino secundario y maldigo cada hoyo, cada piedra, cada irregularidad, y la imposibilidad de verlos, pero al mismo tiempo me invade una sensación de calma extraña, estar lejos de la ciudad y su smog cuando oscurece tiene algo místico y mágico...  Además, pienso en la meta, llegar a casa, a un ambiente tranquilo, en paz, donde podré descansar...

Mente fija en la meta, aún en paz, cruzo la ruta 5, vuelta al cemento!! Pero a la vez más tráfico de autos! Algunos choferes no bajan las luces, otros sí... Uno, amable, me siguió lento por unos 500 metros alumbrando el camino antes de rebasarme cuando se ensanchó la carretera.  Otros, trataban sólo de pasar raudos a mi lado, de "sacarse el cacho" del ciclista nocturno.

Cerca de la ciudad (por suerte antes del golpe del smog) viene el último desafío, una cuesta bastante pesada... La enfrenté de a poco, lento, de pie en la bicicleta, "bailando" y pensando en mi meta...

Finalmente, entro, como de golpe, a la ola de smog de la ciudad, bajo un poco mi ritmo, pero recorro gustoso el kilómetro y tanto que separa esta entrada de mi hogar, mi meta... Hasta que finalmente, llego y termina mi aventura, con sus aprendizajes y las planificaciones mentales para las siguientes.

A veces pienso que la vida es así.  Acometemos empresas un tanto apresuradas, y nos golpea fuerte en la cara el viento en contra, frenándonos y haciendo que nos cuestionemos mantenernos en ellas.  Más adelante, factores personales como ese calambre hacen lo mismo, sumados a los externos como la ruta llena de baches que no fue considerada.   El pensar en la meta, en el fin último, ayuda a mantenerse firme en el deseo de luchar contra la adversidad, y en la misma ruta hay momentos de solaz como lo fue volver al pavimento.   Pese a esto, el solaz trae riesgos asociados, personas externas que pueden ser peligrosas, otras sólo pasar a nuestro lado, o bien quienes llegan para apoyarnos y acompañar parte de nuestro caminar, inclusive alumbrándolo.   Finalmente, cerca del fin del camino vienen los problemas finales: esa cuesta que además nos encuentra cansados, agarrotados por el frío de la ruta... Es aquí donde la meta se hace más presente que nunca, anteponiéndose al cansancio, al dolor, a todo lo que signfica este último desafío.  Y si bien al final nos golpea una nube de smog, ruido necesario, la convivencia inevitable con otros, con situaciones no deseadas pero inevitables, llegando a casa todo está bien, todo cobra sentido, y podemos mirar atrás y darnos cuenta que finalmente esos cuestionamientos y momentos malos vividos no empañan ni el viaje en si mismo ni lo aprendido y reflexionado en esta ruta....

viernes, 12 de junio de 2015

Buenos días

Buenos días, amor mío... Qué hermoso es despertar y ver tus ojitos soñadores sonriéndome coquetos... Qué sentimiento más lindo es besar esos labios y sumirnos de inmediato, fundidos, piel con piel, en nuestro mundo.

Los ruidos de la ciudad se dispersan, la alarma suena y no importa... Grúas, autos, ambulancias, construcción, bocinas, frenazos, todo desaparece en un zumbido informe que se convierte en silencio abrumado por la música de nuestro amor.

Termina el beso, los ruidos vuelven a medias, abro los ojos y me reencuentro con tus ojitos, riendo silenciosamente... Tus labios ansiosos bajo ellos piden que los míos los encuentren otra vez. Nuestras manos se entrelazan y volvemos a empezar.